Históricamente la empresa ha dedicado sus recursos formativos a las aptitudes, a lo que sus profesionales necesitan saber hacer para desempeñar su trabajo. Y eso es genial, aunque solo parcialmente, ya que queda en el olvido trabajar las actitudes, es decir, cómo nos relacionamos con nuestros compañeros, clientes, proveedores, etc.. 

Desde hace unos años esta visión está cambiando y cada vez son más las compañías que creen en el trabajo de las actitudes como algo importante y que también nos reporta beneficios, es el saber ser.

 

 

Con el Coaching como base, y apoyándonos en otras habilidades como son PNL, Liderazgo, Comunicación No Violenta.. somos profesionales que ayudamos a las empresas a cubrir sus necesidades relacionales del momento.

Al mismo tiempo, se genera complicidad y conexión, un estado tan cercano a la amistad que es difícil de diferenciar.

Cuando somos cómplices nuestra predisposición al trabajo, la ayuda y la visión de equipo es totalmente distinta a la desconexión e individualidad como rutina de trabajo, algo realmente tóxico y destructivo en un ámbito profesional.